sssoooollllll

sssoooollllll
sooolll

sábado, 23 de enero de 2010

La Artesa

Muchas veces vi a mi madre pegada en la artesa, lavando montañas de ropa hasta altas horas de la noche... ¿qué estaría pensando en ese momento?.
Restriega que restriega a veces la veía llorar, estrujando, sumergiendo, volviendo a sacar, pareciera que con esas acciones la pobre ahogaba así sus penas.
Nosotros, todos chicos, revoloteabamos al rededor de ella, a veces nos salpicaba un poco de agua, nos daba risa... mi mamita nos miraba sonriendo y seguía en su labor.
Por esos tiempos no había trabajo para mi padre, estaba todo el día en casa, a veces se juntaba con sus amigotes, a veces no había plata, a veces faltaba la comida, a veces él se iba a la playa todo el día y mi mamá pegada en la artesa.
Cuando llegaba la hora de colgar la ropa estilando, nos colocábamos debajo de la ropa para sentir las gotitas sin que ella nos viera.
Las desdichas eras lógicas, éramos hartos, las angustias eran pan de cada día. Retorciendo la ropa, extrangulaba las penas, sumergiendo la ropa, asfixiaba su desazón.
Han pasado los años y esta mujer ya no es la misma, ha ido evolucionando maravillosamente, ha crecido dejando atrás poco a poco esos momentos, se ha dado una sorpresa a sí misma y a todos los demás de que sí se puede cambiar el destino...ahora goza lavando su propia ropa en una lavadora automática.

viernes, 22 de enero de 2010

Dimensiones desconocidas

La mañana del 21 de septiembre de 2009 fue algo triste, sobre todo porque a Andrea le invadía un sentimiento de tristeza, melancolía, esa angustia extraña que le venía a veces... intentaba no hacerle caso, lo disculpaba con que era por el reciente cambio de trabajo... el no conocer a nadie, la incertidumbre de como serían sus nuevos compañeros de trabajo, en parte era eso, pero ese fantasma que la seguía estaba siempre a su lado, latente como un recuerdo persistente y quejumbroso.
Me la imagino sentada alli, sola, con el pecho apretado, triste, con las lágrimas a punto de caer... con enormes ganas de sentir el abrazo cálido de su amor...
Él estaba en su escritorio, respondiendo una prueba, inmerso en sus propias conjeturas, tratando de desifrar el laberinto sin salida que había sido su vida...sentado allí se sentía extraño, incluso se preguntaba qué estaba haciendo ahí...a veces él quería estar en otra dimensión, totalmente disperso.
En esas dimensiones, hombre y mujer no se encuentran... deambulan, tropiezan, intentan aferrarse... se sueltan. Son dos fuerzas que se contraponen, ella ansiando entregar y recibir amor, él queriendo ser amado pero incapaz de entregar nada.
Andrea, mujer sentimental, logra racionalidad, maneja sus sentimientos, se traga las lágrimas. Pone su mejor sonrisa, consuela a las depresivas, a los abandonados, a los perdidos...trabaja.