Muchas veces vi a mi madre pegada en la artesa, lavando montañas de ropa hasta altas horas de la noche... ¿qué estaría pensando en ese momento?.
Restriega que restriega a veces la veía llorar, estrujando, sumergiendo, volviendo a sacar, pareciera que con esas acciones la pobre ahogaba así sus penas.
Nosotros, todos chicos, revoloteabamos al rededor de ella, a veces nos salpicaba un poco de agua, nos daba risa... mi mamita nos miraba sonriendo y seguía en su labor.
Por esos tiempos no había trabajo para mi padre, estaba todo el día en casa, a veces se juntaba con sus amigotes, a veces no había plata, a veces faltaba la comida, a veces él se iba a la playa todo el día y mi mamá pegada en la artesa.
Cuando llegaba la hora de colgar la ropa estilando, nos colocábamos debajo de la ropa para sentir las gotitas sin que ella nos viera.
Las desdichas eras lógicas, éramos hartos, las angustias eran pan de cada día. Retorciendo la ropa, extrangulaba las penas, sumergiendo la ropa, asfixiaba su desazón.
Han pasado los años y esta mujer ya no es la misma, ha ido evolucionando maravillosamente, ha crecido dejando atrás poco a poco esos momentos, se ha dado una sorpresa a sí misma y a todos los demás de que sí se puede cambiar el destino...ahora goza lavando su propia ropa en una lavadora automática.
Restriega que restriega a veces la veía llorar, estrujando, sumergiendo, volviendo a sacar, pareciera que con esas acciones la pobre ahogaba así sus penas.
Nosotros, todos chicos, revoloteabamos al rededor de ella, a veces nos salpicaba un poco de agua, nos daba risa... mi mamita nos miraba sonriendo y seguía en su labor.
Por esos tiempos no había trabajo para mi padre, estaba todo el día en casa, a veces se juntaba con sus amigotes, a veces no había plata, a veces faltaba la comida, a veces él se iba a la playa todo el día y mi mamá pegada en la artesa.
Cuando llegaba la hora de colgar la ropa estilando, nos colocábamos debajo de la ropa para sentir las gotitas sin que ella nos viera.
Las desdichas eras lógicas, éramos hartos, las angustias eran pan de cada día. Retorciendo la ropa, extrangulaba las penas, sumergiendo la ropa, asfixiaba su desazón.
Han pasado los años y esta mujer ya no es la misma, ha ido evolucionando maravillosamente, ha crecido dejando atrás poco a poco esos momentos, se ha dado una sorpresa a sí misma y a todos los demás de que sí se puede cambiar el destino...ahora goza lavando su propia ropa en una lavadora automática.
